Hijos en vacaciones, padres en el trabajo
En algunos hogares las vacaciones de fin de año pueden resultar una bendición porque no hay que tener listos los uniformes para el día siguiente ni preparar comidas tan temprano en la mañana. Se puede dormir un poquito más, desajustar un poquito los horarios, olvidarse de las entregas de calificaciones y reuniones escolares.
Sin embargo, también pueden significar una complicación en la logística familiar, pues de pronto no hay con quién dejar a los hijos mientras se terminan las jornadas laborales, que a veces pueden prolongarse por 10 o 12 horas, si tomamos en cuenta el transporte.
Aunque para los salvadoreños podría sonar como algo imposible, en Alemania existe, según la BBC, una política que permite a los padres tener tres semanas (cada cuatro años) de permiso pagadas para asistir junto a sus hijos a unos «spa» que existen para este propósito: un retiro de salud. El portal de la BBC (https://www.bbc.com/mundo/vert-fut-64901933) también explica que tal prestación debe ser mandada por un médico, como una medida para prevenir el agotamiento extremo, el insomnio o la ansiedad producto del estrés de la vida diaria.
Es oportuno pensar en este periodo en términos de «los días laborales» y «los días de descanso» de los padres, pues la rutina cambia totalmente. Hablemos primero de «los días laborales» de los padres.
Padres en el trabajo
En familias extensas donde hay abuelos y tíos cerca, puede solucionarse por ese lado, pero en familias nucleares (papá-mamá-hijos) o monoparentales (solo papá o solo mamá) es más complicado. Si los hijos tienen suficiente edad, suelen quedarse solos o al cuidado lejano de algún vecino, con una lista de recomendaciones: no abran la puerta, no cocinen, no enciendan fuego, cierren el chorro, no salgan, no vean tanta televisión…
Y es que muchas personas adultas, llegada esta altura del año, también acarreamos mucho estrés y cansancio producto del trajín acumulado de todo el año, pero hay que encontrar soluciones en verdad prácticas.
He leído recomendaciones como «inscribir a los peques en clases de natación, arte, karate, etc.», por ejemplo. ¡Excelente!, pero también debe pensarse en quién los lleva y los trae de esas clases y el costo económico de las mismas. Otra recomendación no siempre tan práctica es «llevar a los hijos al trabajo», donde se supone que las empresas han creado espacios y actividades para ellos. Pero no he visto a muchas empresas invertir en ese apoyo para sus trabajadores de forma organizada y sostenida, de manera que pueda ser aprovechable.

Así que, lo único que queda, es echar mano de los propios recursos y los de la comunidad cercana, que son los vecinos, la familia, los amigos, la iglesia, por ejemplo.,
En alguna ocasión deberemos tomar la iniciativa para conformar estas redes de apoyo y no dejarlas tan al azar. Así, en cualquiera de los grupos mencionados (vecinos, familia cercana, amigos, iglesia…) habrá que proponer mecanismos para el cuido de los niños. Habrá que resolver:
Con quién dejarlos • Dónde • Cómo llevarlos y traerlos
de ese lugar • Qué harán mientras estén allí
Si el lugar está en la misma colonia donde se vive, es mucho más práctico. Si nos estamos apoyando con familiares, puede arreglarse que nosotros los vayamos a dejar y nuestro familiar nos ayude llevándolos de regreso a casa (sí, quizás cueste convencerlos); si se están quedado en lugares con actividades locales como la iglesia o una guardería comunitaria, cuando menos prever qué se hará con los chicos si los padres no logran llegar a la hora establecida a recogerlos, pues los imprevistos en el trabajo y en el tráfico pueden retrasarnos.
La meta es que los hijos en vacaciones disfruten de ese tiempo de descanso tan merecido, puedan en verdad ser niños, es decir, jugar o no hacer nada, sintiéndose felices de la vida, en un entorno seguro y afectuoso, sin que alguien los regañe. Paralela a esta meta se ubica la otra, de igual importancia: que los padres dejen de estresarse y preocuparse de más por el bienestar y cuidado de los hijos en estas épocas de fin de año. Ambos (padres e hijos) colaborarán para lograrla.
Las vacaciones son necesarias e importantes. Son salud emocional, mental y física, pero deben ser pensadas desde la realidad de las familias actuales y todos los padres merecen sentirse tranquilos mientras cumplen sus responsabilidades laborales.
Todos en la casa
Si hablamos de «días de descanso» de los padres, la cosa cambia mucho. Es cierto que estos días suelen aprovecharse para comprar los alimentos, ir a la costurería, la zapatería, atender al señor que llega a arreglar el techo, ir a la ferretería, etc. Pero son actividades que están un poco más bajo nuestro control, lo que no sucede en días laborales.
Comentamos algunas opciones para estos días de tiempo libre compartido, juzgue usted si son más o menos prácticas.
Integrar a los hijos en esos recorridos
Si son varios chicos, puede ofrecer una «mención de honor» para quien mejor se porte en el recorrido. Nada de separarse ni correr por los pasillos. Quien acumule tres menciones de honor tiene derecho a una cora.
Dar un descanso antes de sumarse a las actividades conjuntas
Después de hacer mandados, proponga a los chicos una hora y media de descanso para usted, mientras ellos ven, por ejemplo, una película, o preparan unos panes para llevar al parque más tarde. Aproveche esa horita de descanso, sus energías se potenciarán y todos saldrán beneficiados.

Los hijos merecen disfrutar de esas vacaciones tan esperadas y, los padres, disfrutarlas también sin preocuparse o estresarse por el cuidado y la seguridad de sus peques.
Hacer un paseo
El destino y el tiempo del paseo dependen del presupuesto, pero hay opciones económicas: compre, por ejemplo, un disco volador plástico para jugar, en equipos, con él. Otra actividad divertida es hacer pompas de jabón: con un alambre o un gancho de ropa, haga un círculo y lleve al parque una cubeta con agua con detergente, haga muchas pompas hasta que se cansen de reventarlas.
Otro juego es el conocido como «sigue al líder» que consiste en sortear quién será el líder, luego este hace movimientos y camina por el parque mientras los demás lo imitan. Para descansar un momento, jueguen un rato «Veo, veo», que se trata de que una persona dice, por ejemplo, «Veo, veo una pelota azul y rojo», los demás adivinan qué está mirando; finalmente, se comen el refrigerio que han traído.
Tambiés es buena idea seguir las sugerencias de actividades y juegos que los niños propongan, o dejar un espacio para que cada uno haga lo que quiera.
Preparar la comida
Puede que sea más fácil imaginarlo que hacerlo sin que la casa termine vuelta de cabeza. Si son varios chicos, se podrán organizar turnos, poniendo siempre un mayor con un menor. Si son uno o dos chicos, será más fácil de supervisar. Tenga unas cuatro recetas que sirvan para esas ocasiones y, cuando aprendan, será más práctico encomendar la preparación de la comida. Quienes peleen lavan las cacerolas.
La clave de estas actividades es el establecimiento de rutinas que sean interiorizadas por los chicos y los adultos, de manera que pueda ahorrarse un poco de energía en no estar dirigiendo a cada momento lo que debe hacerse.
Estas breves ideas son únicamente para subrayar la importancia de crear recuerdos significativos y agradables. Por supuesto también debe haber tiempos de intimidad con cada uno de los chicos por separado, donde puedan expresar cómo se sienten sin exponerse a oidos incomprensivos. Así se cultivará una confianza mutua, pero, ojo: lo que los hicos digan en estos espacios es un secreto entre padres e hijo o hija. Nada de contarselo a la tía o a la abuela, a menos que sea con el permiso expreso del chico.










