La IA generativa podría cambiar la forma en que pensamos y actuamos

Memorizar, reflexionar, crear, leer con sentido crítico (cuestionar lo que leemos), hilar ideas para expresarlas por escrito u oralmente son habilidades que podrían estar en riesgo si continuamente estamos encargando estas tareas a una inteligencia artificial (IA). 

Así lo advierte Antonio Cerella, de The Conversation (octubre 2025, https://n9.cl/dg2c45), en un artículo en el que nos acerca a tres estudios que dan pistas sobre cómo algunas habilidades podrían atrofiarse o simplemente cambiar.

Porque, ¿para qué memorizar, por ejemplo, las capitales del mundo si las tenemos en Google? ¿O las direcciones de la ciudad si las tenemos en Waze? ¿Para qué aprender a hilvanar ideas con orden y sentido si podemos introducir un caos de pensamientos en el chat y pedirle a la IA que las organice? ¿Y si también puedo introducir un contenido y solicitarle en el prompt que actúe como un académico y me proporcione críticas sobre los datos allí expuestos?

Frente a estas posibilidades, recordemos (https://n9.cl/ktqrl) que los resultados que nos brinda la inteligencia artificial no son totalmente confiables pues, según la misma OpenIA, refiriéndose a ChatGPT4 dijo que «“alucina” hechos y comete errores de razonamiento» (Unesco, 2023, https://n9.cl/xq194), además de que la IA puede estar basando sus resultados en fuentes no necesariamente confiables.

Al preguntar a ChatGPT (11/2025) qué tanto hemos avanzado en el desarrollo de la IA, respondió que, si bien no estamos empezando, la IA aún comete errores, no entiende bien el mundo físico y no puede planear acciones complejas en múltiples pasos sin supervisión humana.

El desarrollo de la IA está todavía despegando, aunque algunas de sus características ya sorprenden. ¿Qué tendremos en cinco o diez años? Le invito a que le pregunte a una de las IA.

La memoria

El estudio más famoso es el realizado por Eleanor Maguire y otros investigadores ingleses publicado en el 2000. Antes de la navegación satelital, los taxistas londinenses memorizaban cientos de calles y rutas para ser más eficientes en su trabajo (https://n9.cl/xhm3t).

A través de la comparación de resonancias magnéticas del cerebro de los taxistas con las de personas con otras profesiones, se obtuvo como resultado que los taxistas habían desarrollado un hipocampo más grande, inclusive que el de los de motoristas de autobuses con rutas asignadas. El hipocampo de los taxistas estaba más desarrollado cuanto más tiempo hubiesen trabajado en esa profesión. 

El hipocampo es una región del cerebro asociada con la creación de recuerdos y su transferencia a la memoria de largo plazo. También tiene un papel crucial en la memoria espacial, lo que permite recordar rutas, ubicación de objetos, crear mapas cognitivos, orientarnos y ser conscientes de la ubicación del propio cuerpo en el espacio. 

Lo antes descrito da cuenta de la conocida como «plasticidad cerebral», es decir, la capacidad de este órgano para adaptarse o reconfigurar sus estructura según las demandas: como los taxistas necesitaban recordar todas esas rutas, el cerebro respondió desarrollando más su hipocampo.

Investigaciones demuestran que las personas que dependen del GPS del celular, por ejemplo, tienden a perder parte de su capacidad para formar mapas mentales (https://n9.cl/ei0ao)

Habilidades de lenguaje

Quienes tenemos familiares viviendo en países como Estados Unidos u otros habremos observado que se han olvidado un poco de su lengua materna. También sucede que. cuando personas que trabajaban en una profesión técnica, como ingeniería mecánica, y dejan de hacerlo por varios años, pueden olvidar el nombre de ciertas piezas y procedimientos.

Esta situación no es extraña y se refiere a la pérdida progresiva de habilidades lingüísticas que una persona ya había adquirido, debido a que no las usa con frecuencia.

La capacidad para utilizar el lenguaje es uno de los bienes más preciados que poseemos los humanos: a través del pensamiento comprendemos el mundo y podemos hablar sobre él, formar y expresar nuestras propias valoraciones y opiniones. Pensamiento y lenguaje van unidos, pero no nacieron juntos sino que co-evolucionarion, según consideraba el famoso científico ruso Lev Vigotsky, 

El desarrollo del lenguaje va de la mano con los procesos de maduración emocional, intelectual y social. El niño y el adolescente aprenden a traducir las emociones en conceptos y esta práctica de abstracción los lleva a reflexionar antes de actuar, a poner distancia entre la experiencia que se vive y la respuesta en forma de acciones, nos hace sopesar consecuencias y pensar en el futuro.

Sin embargo, la inmediatez y la rapidez de las respuestas obtenidas mediante la IA generativa pueden truncar estos procesos cognitivos tan beneficiosos y conducir a una cultura «dominada por la emoción sin comprensión, la expresión sin reflexión», apunta Cerella.

Según ChatGPT (11/2025), aún no existe una IA que realmente piense, razone y aprenda como un humano, y que los modelos actuales son sistemas estadísticos avanzados, no «inteligencias» completas.

Habilidades cognitivas, comodidad y seguridad

El otro estudio citado por The Conversation es es el realizado en 2023 con 285 estudiantes de universidades de China y Pakistán, cuyos resultados apuntaron a la pérdida de capacidad en la toma de decisiones y una tendencia hacia la pereza, pero también reportó preocupaciones por la privacidad y seguridad personales (https://n9.cl/n8ablr).

El mismo estudio subraya que el incremento de la pereza es la consecuencia más significativa que se desprende del uso de la IA, por lo que sostienen que son necesarias medidas pensadas estratégimente para que la adopción de la IA en las tareas educativas no redunde en los resultados antes mencionados.

La capacidad de descomponer información, analizarla, evaluarla, compararla, sintetizarla, formar juicios o conclusiones fundamentadas y saber defenderlas con argumentos requiere práctica frecuente pues, si la dejamos en hibernación, se deteriora.

Lo anterior, según las conclusiones del estudio, revela una posible erosión de habilidades cognitivas clave como el pensamiento crítico y el razonamiento analítico, relacionándolo con los desafíos éticos que todavía no han sido superados plenamente en la operación de las herramientas de IA generativa, como la desinformación, los sesgos informativos (que hablaremos en otra nota) y el plagio (ver «Transparencia y atribución» en https://n9.cl/ktqrl).

La IA aún debe mejorar su razonamiento, discriminar cuáles fuentes son más confiables y ser capaz de realizar tareas complejas de principio a fin sin supervisión humana.

Otro de los estudios citados por The Conversation (2024, https://n9.cl/0og6r) encontró que la excesiva dependencia y confianza de estudiantes y otros académicos en herramientas de IA generativa revela una tendencia a preferir lo rápido, inmediato y fácil aún si lleva a resultados poco confiables, frente a procesos más lentos y complejos pero que garantizan fiabilidad. 

Sin embargo, aun cuando las respuestas que se obtengan de una inteligencia artificial generativa superen las deficiencias éticas y de fiabilidad antes mencionadas, el riesgo de deterioro cognitivo persistirá, en tanto se continúe privilegiendo el uso de la IA para este tipo de tareas. 

El estudio advierte que «aceptar la IA sin abordar las principales preocupaciones humanas sería como invocar a los demonios. Se recomienda enfocarse en un diseño, despliegue y uso justificados de la IA en la educación».

No cabe duda de que las personas somos capaces de diseñar caminos para que la adopción de la IA en tareas educativas, de investigación y académicas potencie el desarrollo cognitivo; ayude a enriquecer el lenguaje y fortalezca la toma de decisiones, entre otras habilidades.

El desarrollo de la IA y su integración a la sociedad avanza a pasos vertiginosos, pero, como indica ChatGPT, aún estamos comenzando, hay tiempo para crear estrategias de integración y uso que sean realmente ventajosas para las personas, así como crear una legislación y uso ético, los cualels tendrán que evolucionar y adaptarse a misma velocidad en que la que avanza el desarrollo de la IA. 

El desafío que tenemos frente a nosotros era «para ayer», como suele decirse, pero la humanidad ha logrado salir bastante bien librada frente a retos que en el pasado se percibieron de forma similar, como la invención de la imprenta, la comercialización de la energía eléctrica y, más recientemente, el naci miento y expansión de la internet.

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