Si vas a usar la inteligencia artificial…

Desde hace unos tres o cuatro años el acceso a la inteligencia artificial se ha masificado gracias a las opciones gratuitas que los desarrollares han puesto a disposición de los usuarios.

Esta tecnología está generando cambios en la forma cómo hacemos nuestro trabajo, estudiamos, nos movilizamos, nos entretenemos, ayudamos a nuestros hijos en edad escolar y vemos hacia el futuro.

América Latina tiene alrededor de 660 millones de personas. Pese a la disparidad en el uso de la tecnología en cada país, diversos estudios muestran que, si bien la IA ya ha sido acogida en las actividades de la vida diaria, aún existe un recelo al rededor de ella. Veamos algunos datos de este año de la encuesta de Bain & Company.

Fuente: Bain & Company (marzo 2025). ¿Cómo están pensando, sintiendo y actuando los consumidores latinoamericanos? Sitio web: https://www.bain.com/es/insights/consumer-pulse-latam-2025/

Estas preocupaciones tienen fundamento. Por ejemplo, la divulgación de información falsa siempre ha existido, pero en el presente las facilidades se han multiplicado, tanto por las aplicaciones de IA como por las plataformas digitales a las que la mayoría tenemos acceso. 

En relación a los empleos, según el portal del Banco Mundial (2024), entre un 2 % y un 5 % corren el riesgo de ser automatizados completamente, es decir que desaparecerían. La misma entidad señala que alrededor de la tercera parte (entre el 26 % y el 38 %) de los empleos se verían afectados por la IA, pero es difícil predecir en qué formas, pues depende de cómo evolucione (BM: https://n9.cl/z81fiu).

En cuando a sentirse o no preparados para este desafío, hoy en día no necesitamos tener grandes conocimientos, descargar aplicaciones o programas sofisticados ni una súper computadora para utilizar esta tecnología. Lo que sí se necesita es un dispositivo conectado a internet y un navegador (Google, Firefox, Mozilla, etc.).

Parte de sentirnos preparados tiene que ver con conocer algunos parámetros para el uso de la inteligencia artificial y algunas precauciones que nos pueden ahorrar el vernos expuestos de formas insospechadas.

Todo lo que produce la IA generativa se basa en lo que ya está en internet. Por eso sus productos no pueden considerarse como hechos ciertos o totalmente originales.

Algunos parámetros y precauciones en el uso de la IA

Los siguientes parámetros nos proporcionan una guía de las precauciones que es conveniente tomar.

La transparencia y la atribución

Es importante advertir al usuario cuando la gestión que realiza se ejecuta a través de un chatbot, es decir, de un programa informático preprogramado con preguntas y respuestas y no con un ser humano. Suele suceder, cuando utilizamos WhatsApp, por ejemplo, para pedir comida a domicilio, que no nos damos cuenta de que una máquina es la que nos atiende hasta que insiste en que elijamos una de las opciones que nos ha brindado. Actualmente la mayoría te dice algo como: «Nuestro asistente virtual le atenderá».

Por otra parte, siempre que utilicemos la inteligencia artificial para generar un contenido (puede ser un texto, una imagen, un codigo, una asistencia u otro), es recomendable explicitar cómo intervino la IA en ese producto, en especial si es en los estudios o en el trabajo.

Para el caso, Chicos.net explica que debe indicarse el nombre de la herramienta utilizada (por ejemplo, ChatGPT), la versión y el propósito para el cual se hizo la solicitud (chicos.net: https://n9.cl/w5f2n).

Para quienes necesiten saber de forma más precisa cómo citar a la IA en trabajos académicos o informes, pueden revisar el documento de la Universitat Oberta de Catalunya (https://n9.cl/xjop8y).

Responsabilidad y verificación

Ante todo debemos tener claro que somos nosotros, los usuarios, los responsables finales y totales del contenido que utilicemos y de las decisiones que tomemos con base en información de la IA. 

Por esta razón es necesario verificar con fuentes confiables. Una opción es indicar a la IA en el prompt que en su respuesta incluya las fuentes de donde obtuvo los datos. Hice una prueba con OpenIA, a la que solicité la población de cada continente en millones de personas, y que me indicara de dónde tomó los datos. 

En esta ocasión, abajo de la respuesta venía un enlace («Fuentes», encerrado en rojo en la imagen de abajo) que, al desplegarlo, me las brindaba e, incluso, me proporcionaba la opción de comparar con otras IA («Comparar con Claude»). Si las fuentes están en inglés, también puede solicitarse a la IA que las traduzca, o abrir los sitios web y que el traductor del navegador lo haga.


Este paso es muy importante, pues en otras búsquedas observé que utilizó Wikipedia, y es bastante sabido que la información de este sitio no siempre está actualizada o es la correcta.

De igual forma, citar a la inteligencia artificial no nos exculpa de responsabilidades, por ejemplo, de plagio. También solicité un cuento con una idea resumida de la trama y la IA, muy gentilmente, me proporcionó uno. Después busqué tramas parecidas en internet y efectivamente encontré una muy similar. 

De modo que ahora la IA ya no se ve tan atractiva como al inicio, si debemos invertir tanto tiempo en verificar y contrastar la información. Sin embargo, creo que muchos coincidiremos en que tienen un gran valor para, por ejemplo, ayudarnos a estructurar u organizar mejor nuestros textos, verificar la ortografía, sugerir fuentes donde investigar, servirnos de inspiración y guía en la creación de nuestros propios productos, considerando que existen aplicaciones para detectar plagio o si un texto o imagen ha sido generado por IA.

Los niños crecerán en un mundo donde interactuar con la IA será
una necesidad, por tanto, parte de su educación debe ser aprender
a hacerlo de forma ética y productiva.

Privacidad y datos

Cierta parte de nuestra privacidad y datos personales está en nuestras manos. De modo que tomemos la precaución de nunca brindar información sensible a una IA, como datos financieros (cuentas bancarias), información de nuestra identidad (la que viene en el DUI), nuestro número de teléfono, nombres de nuestras cuentas en redes sociales, ubicación física, rutinas, etc. Si por algún trámite es necesario hacerlo, prefiramos un mensaje por correo electrónico.

Debemos partir de que toda la información que se brinde a una IA puede estar siendo utilizada para que esta se entrene o pueda pasar a otras bases de datos fuera de nuestro control, en especial cuando no conocemos las políticas de privacidad y seguridad (que muchos de nosotros no nos tomamos el tiempo de revisar).

Esto último es fundamental comentarlo con los niños y los adolescentes. Chicos.net, en el capítulo N.º 4 «Crear con IA» (https://n9.cl/j6tokw), en la lámina 10, advierte de una situación de vulneración a la intimidad, en la que una joven recibió el siguiente mensaje por chat:

«Tus fotos e información personal han sido filtradas. Discutámoslo»

Chicos.net explica que, cuando la estudiante entró a la «sala de chat» para leer el mensaje, recibió una foto suya tomada unos años antes, y agrega: «Le siguió una segunda imagen con la misma foto, solo que esta era sexualmente explícita y falsa».

Añade que la responsabilidad en la creación y distribución de contenidos manipulados con inteligencia artificial generativa no implica solo a quines los manipularon, además de que habría que analizar el rol de las plataformas y redes sociales en la «viralización» de contenidos que vulneran los derechos de las personas, la efectividad de la moderación y la calidad informativa que brindan. Sin embargo, la regulación legal de este tipo de abuso aún dista de ser efectiva.

Es importante darle la bienvenida a estas tecnologías, pues ahora son parte de la vida y, para algunos, llegan a ser una necesidad por su actividad laborar o académica. Lo importante es dedicar un tiempo y parte de nuestro espacio mental y energía a conocerlas un poco más.

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